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Posted On noviembre 24, 2016 By In COMUNICACION, POLITICA And 640 Views

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y Trump ganó

Una semana antes de las elecciones presidenciales en EEUU cené con unos amigos y un filántropo estadounidense que nos contó que había conocido a Trump en el pasado. Cuando le preguntamos por Trump nos dijo que no había conocido en toda su vida a una persona más arrogante y soberbia. Y ante la pregunta de si podía, en su opinión, ganar las elecciones, se encogió de hombros. Lo que significaba “todo es posible digan lo que digan las encuestas”.

Desde la publicación de los primeros resultados se fue extendiendo entre los simpatizantes demócratas el pesimismo primero, y la desolación después. Desde entonces he estado hablando con numerosas personas, amigos, colegas universitarios, directivos de fundaciones y, también, con bastantes conductores de Uber, que por su perfil han sido estupendos informantes muy lejos del perfil del taxista medio. Si a eso le añadimos un par de decenas de horas viendo distintos canales de TV se pueden sintetizar algunas ideas claves para entender desde Europa lo sucedido en Norteamérica. Veamos:

  • La extensa mayoría de los no votantes de Trump están tan en shock, sorprendidos o escandalizados como en Europa. Incluso en San Diego, una ciudad republicana dentro de un estado demócrata como California he hablado con republicanos que no habían votado a Trump, con argumentos de peso.
  • Lo que lleva a la primera idea: Trump ha ganado, ha perdido el establishment demócrata que apoyó a Clinton, en lugar de a Sanders, pero también ha perdido el establishment republicano. Fueron muchos los líderes republicanos que de desmarcaron de Trump y que rápidamente, como Paul Ryan, tuvieron que rectificar para reconocer que Trump lo había logrado por sí mismo.
  • En esa comparecencia, al día siguiente de ganar Trump, Paul Ryan reconoció algo clave, algo que las encuestas ignoraron. Trump conectó con ideas básicas, simples y directas con la mente colectiva como no lo entendieron ni los mismos republicanos. En otras palabras, Trump había decodificado mejor que nadie a las clases medias de una forma que el partido republicano no había conseguido. No obstante, tras la victoria era necesaria la teatralidad de las buenas palabras, de compartir la victoria y hablar de unir el país.
  • Trump es un antisistema, a su manera, claro. No es que haya estado walking the line durante décadas, es que ha cruzado los límites en muchas ocasiones con escándalos legales, financieros, raciales… Trump acaba de pagar 25 millones para cerrar la vía penal a una demanda de estafa relacionada con su universidad. Trump no gusta al establishment republicano y no tiene garantizado el apoyo incondicional que no le habrían negado a cualquier otro candidato, incluso a su vicepresidente. No va a tener patente de corso frente a los nuevos escándalos que puedan surgir, ha cabreado, y mucho, a muchos millones de estadounidenses. Trump es una potencial bomba de relojería andante incluso para el partido republicano.
  • La victoria de Trump, indiscutible, tiene un matiz. Clinton tuvo más votos en conjunto aunque los repartos de los representantes electorales de cada estado le hayan dado la victoria. Eso significa que no tiene mayoría social aunque sea el presidente. Y, desde luego, choca con el discurso local del PP con lo de dejar gobernar al partido más votado. La no representatividad pura va por barrios.
  • Esto nos lleva a la cuestión de quién ha votado a Trump, que ha ganado la presidencia con menos votos que los que obtuvo Mitt Romney frente a Obama en 2012. Habría, al menos, tres grandes grupos a comprender 1) aquellos que habían votado en las dos últimas elecciones a Obama y que invirtieron el color dominante en estados claves demócratas hacia el bando republicano 2) el voto de una extensa clase media, blanca, religiosa (protestantes y católicos), rural, con bajo nivel educativo que no ven un futuro alentador y esperan que algo cambie de verdad 3) los del “voto lo que me da la gana, porque puedo”, un voto casi nihilista pleno de ruido y de furia, donde es posible que coincidan también aquellos que habían sobrellevado que un hombre de color estuviese ocho años en la Casa Blanca pero que ahora fuese a ser una mujer era ya demasiado, junto a los que piensan pero callan lo que dice Trump abiertamente.
  • Lo que esperan los votantes de Trump es simple: más trabajo, mejora de su bienestar, pagar menos impuestos y más orden relacionado con la seguridad. En definitiva, mantener vivo el amenazado sueño americano, por eso su eslogan de campaña fue “Make America Great Again”.
  • En relación con las promesas de Trump, sus votantes ni creen ni esperan que vaya a crear el muro sino incrementar el control en las fronteras. En cuanto a las deportaciones de aquellos que tienen antecedentes penales ya se ha apresurado a hacer el cálculo de que pueden ser entre 2 y 3 millones. No obstante, durante la administración Obama se ha deportado a 2,5 millones de personas (Obama Has Deported More People Than Any Other President) de los cuales el 91% tenían antecedentes penales.
  • La victoria de Trump ha generado mucho temor entre las familias: hay hijos que tienen la nacionalidad americana al haber nacido en EEUU pero cuyos padres, trabajando y viviendo en EEUU, podrían llegar a ser deportados. El caso es que el proceso de regularización masiva que inició Obama llevó a estos ciudadanos irregulares a aportar sus datos completos, dentro de poco en manos de la administración Trump. Entre ellos millones de latinos y un amplio grupo de la minoría más emergente, no hay más que ver el mix de estudiantes universitarios, la asiática.
  • El tema racial es el más controvertido y entra en conflicto con lo mencionado antes. Está por ver el desarrollo y si es capaz de revertir algunos estados de ánimo pero en la misma noche electoral, un comentarista de la CNN, enmarcaba la victoria de Trump como un “white slash”. El racismo divide a EEUU y va a seguir sucediendo, hay mucha memoria colectiva como para que no sea un tema de alta sensibilidad.
  • Los comentarios sexistas y racistas parecían que le iban a costar caros a Trump pero no ha sido así. Primero, el perfil del votante de Trump es muy posible que piense lo mismo y no sea políticamente correcto expresarlo en público. Y segundo, y no menos importante, es la influencia de la religión en la sociedad americana, orientada al perdón y a que todo el mundo merece una segunda oportunidad. Esto llevó a que numerosas mujeres perdonaran a Trump sus excesos previos, no hubo un gap de género en el voto a Trump. Algunos análisis apuntan a que en las zonas rurales donde los hombres decidieron votar a Trump, fueron seguidos por sus mujeres.
  • En relación con Clinton hay diversos factores: 1) ni ella ni si equipo supo entender el cambio que se estaba produciendo y llegaron a dar algunos estados y grandes ciudades por tan seguros que no fueron a hacer campaña y los perdieron 2) en la mente colectiva, Clinton es comprendida como una política del establishment, que puede estar en contra del matrimonio gay, un día, y luego oficiar uno 3) parecería que se dedicó más a gestionar la ventaja que le daban que a ganar y no fue capaz de transmitir ideas motrices como había hecho Obama o el mismo Trump, no tenía una narración para su país y 4) Bill Clinton ha sido una rémora para ella, una herencia pesada que cargar que habría lastrado más que ayudado a Hillary.
  • Las manifestaciones posteriores a la victoria parecen ser más muestras del temor que de la reivindicación. En las manifestaciones, seguí una en Seattle y otras en televisión, lo que se identificaban eran jóvenes, muchos de ellos quizás no habían podido votar aún. Como ha sucedido en otros países las generaciones mayores taponan los deseos y voluntad de las generaciones más jóvenes, menores en número debido a los cambios demográficos.

¿Y ahora qué? En la mente colectiva han de pesar más los quince meses de campaña que los primeros llamamientos a la unidad nacional. Trump tendrá que cumplir gran parte de sus promesas si quiere ser reelegido en 2018, algo que pronto va a estar en el horizonte. Hay pocas cosas tan humillantes, para un presidente de EEUU, como no ser reelegido para un segundo mandato. Mientras, la gente -en un país dividido- parece estar a la espera para saber cómo reaccionar, y con esto me refiero tanto a los opositores como a los votantes de Trump. Veremos.

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