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Posted On octubre 21, 2016 By In COMUNICACION And 1577 Views

Olvídate! Ni tú móvil ni tu ordenador te pertenecen ya

… o la expropiación de la privacidad

¿Quién no se ha dado cuenta de cómo nuestros móviles, tablets y ordenadores tienden a ejecutar procesos sin nuestra acción explícita? Además, los diseñadores de las apps cada día nos exigen para poder instalarlas más acceso a fotografías, ubicación, agenda, micrófono, calendario, identidad, contactos, ID del dispositivo y datos de llamada, información sobre la conexión WiFi, SMS, etc. etc. en la extensa mayoría de los casos sin que sea necesario para el uso de las apps. Y sucede lo mismo con las actualizaciones de las apps, navegadores, sistemas operativos… que cada día son más automáticas y que en muchas casos suponen el acceso y exportación de datos o metadatos sin autorización ni conocimiento del usuario hacia bbdd fuera de control legislativo nacional.

Hace un tiempo comprábamos un software y luego si no optábamos por pagar su actualización seguía funcionando. El cambio ha sido tan aparentemente normal que hemos acabado dando por bueno que el uso de un software no sea en propiedad sino en una suerte de alquiler por uso perecedero. Es la aplicación de la obsolescencia planificada al mundo software. Lo mismo sucede con otros aparatos tecnológicos como las impresoras que nos esclavizan a la compra de cartuchos originales con altos sobreprecios que fuerzan evitar el uso de productos genéricos.

El último ejemplo es el Iphone7 que ha sido, de nuevo, vendido como una innovación –en la profundización de esa jaula de oro que es Apple- la desaparición de la entrada de los auriculares. Este hecho vendido como un avance que esconde e impone dos hechos: primero, el no poder usar unos auriculares estándar, a elección de los usuarios; y segundo, obligar tarde o temprano a que sólo sean válidos los auriculares originales que, además, tienen un precio 159 US$. Eso sí, convenientemente enmarcado es comunicado como una innovación y con esa buzzword todo parece admisible: “Sin cables. Sin líos. Como por arte magia”. Lo que vuelve a mostrar como un producto estándar, con alta competencia y de precios bajos se acaban reconvirtiendo por “arte de magia” en productos caros. En términos cool se denomina crear stickiness con los usuarios, aunque otra forma de llamarlo es la construcción de un lock-in a los usuarios, una jaula de oro que no deja de cercarnos.

Y esto no sólo sucede con el software. Aún más abusivo es el cambio unilateral de los términos de uso aka políticas de privacidad (hace tiempo) como tienen acostumbrados a sus usuarios Facebook, Instagram, WhatsApp (son la misma corporación), Skype, LinkedIn, etc. Sin que las legislaciones locales sean mínimamente eficaces para empresas globales. Parece evidente, que actualizar de forma unilateral las condiciones de privacidad, disfrazadas como “términos y condiciones de uso” o similares es lo mismo que no tener política de privacidad alguna. Así anunció el líder de Facebook, ya en enero de 2010, la irrelevancia de la privacidad amparadas en la innovación tecnológica y recogido por The Guardian Privacy no longer a social norm, says Facebook founder.

No obstante, los riesgos derivados de estas prácticas son opacados por un discurso de incansable cordialidad para disfrazar de servicio y seguridad lo que es una expropiación sin precedentes de la privacidad. Que grandes corporaciones entreguen servicios sin coste no significa que estén actuando de forma filantrópica o contra la lógica del mercado. Porque acaso ¿tiene sentido la entrega de servicios sin coste en un mundo capitalista donde la motivación básica es el beneficio?

Cada día son mayores las evidencias de que estamos inmersos en una vigilancia comercial de civiles sin precedentes, a través de esos servicios ofrecidos de forma gratuita pero no sin costes para los usuarios. Sólo Google y Apple, a través de IOs y Android, están en disposición de controlar los dispositivos que miles de millones de personas llevan a diario y los servicios de inteligencia, espionaje y, ahora, la policía también. La industria tecnológica es ya un agente de la política interior y exterior de los estados más importantes. Hoy en día las corporaciones de Internet y telecos tienen una capacidad de condicionamiento y control del usuario que no tiene ni ha tenido jamás ninguna empresa del pasado. A lo que hay que añadir el espionaje masivo de civiles denunciado por muchas fuentes y, en especial como caso paradigmático, por Edward Snowden antiguo trabajador de la CIA y la NSA.

La desconexión tecnológica hoy día de un ciudadano es imposible. Es tal la expropiación de la privacidad a la que estamos sometidos que, si la lógica de mercado, desaparecer digitalmente será una fuente de ingresos empresariales en breve. Pero el borrado digital vital debería ser un derecho ciudadano no un servicio para las élites. El mayor aristocraticismo hoy es poder ser analógico, no tener que tener un móvil… es un lujo, el mayor de todos. Y además, no lo olvidemos nuestro móvil por el que hemos pagado unos cuantos centenares de euros ha comenzado ya a ser cada vez menos nuestro.

 

Post publicado originalmente en

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