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Posted On Junio 3, 2016 By In COMUNICACION And 708 Views

Parabrising, poming, perching y otra publicidad del montón

Parabrising, poming, perching y otra publicidad del montón

El verdadero recurso escaso en la comunicación es la atención. No hay nada que valga tanto que la atención. Se trata de una suerte de tesoro disimulado, que pasa casi desapercibido de lo obvio que es. Todos los medios compiten por nuestra atención, por esa razón los audímetros miden (mal, pero eso es otro tema) los llamados minutos de oro, porque es la forma de ponerle precio a nuestra atención y vendérsela (compuesta con humo, pero ese es también otro tema) a anunciantes. 

No sólo los medios compiten por nuestra atención, también las vallas publicitarias que quiénes las comercializan dicen también que miden nuestra atención, muy mal (pero eso es otro tema), los banners, los superbanners, los minibanners, los skyscraper, los robapáginas, los pop ups, pop-under, intersticials, layers, brand days, rich media, billboard, pre-roll, post-roll, advertorials, los formatos integrados, los vídeos en streaming, los emails publicitarios, los formatos flotantes y desplegables, los patrocinios.

Persiguen nuestra atención en casa, en la televisión, en el ordenador, cada vez que salimos a la calle, vamos al trabajo, al gimnasio o en el cine cuando apagan las luces, en la prensa escrita (que ya no compramos), en las revistas (que no leemos), llenan las calles, las fachadas, las paredes de los solares, los andamios de los edificios…

La publicidad (mala, buena y muy mala, pero ese es otro tema) nos inunda el móvil al navegar, el correo de los SMS, engorda el buzón de entrada del email, rebosa en el del spam, se incrusta en el timeline de Twitter, enmarca de forma privilegiada las búsquedas de Google, se mezcla con el narcisismo de todos en Facebook… se disfraza y mimetiza como contenido (eso tan cool del brand content, pero ese es otro tema) en los medios profesionales online, en los blogs que nadie visita… Todo contribuye a ensuciar las ciudades (deberían poner impuestos por suciedad a la publicidad) como las campañas políticas con fotografías de candidatos -que apuntan a la hipótesis de que todos los partidos tienen un agente infiltrado-, los eslóganes que remiten a cortocircuitos cognitivos, las mentiras concienzudas repetidas como mantras de disolución instantánea.

Ha habido genios que han dejado obsoleto el buzoneo, el reparto en mano de flyers y al cartero comercial inventado el parabrising, el poming, el perching y otras técnicas de rellenado de huecos como las escaleras, los pasamanos de las escaleras, los ascensores, los respaldos de los asientos de los taxistas, las tapas de alcantarilla de las calles, las farolas, los fondos de las piscinas, las alfombrillas para los ratones, las proas de los buques, los cables de los tendidos eléctricos, el cielo sobre las playas, etc. E incluso ese sitio donde miramos en la pared con la mente en otro sitio mientras miccionamos en un bar o restaurante. O los que han entedido que llevar publicidad en nuestra ropa nos hace máscool, modernos, deportistas, sanos, millonarios, comprometidos, etc. Y esto sólo es una reflexión superficial sobre los soportes y sus formas, si entramos en la reflexión publicitaria sobre el contenido, las ideas, la creatividad, lo artístico… (eso es, pero ese es otro tema).

En fin… llegados a este nivel de saturación (que no dejará de crecer, pero…) hay tres grandes efectos ante tal rebosamiento:

1) La respuesta de los publicitarios, seguir llenando huecos por tierra, mar, aire e Internet e inventando nuevos trucos y nombres cool para esos trucos.
2) La respuesta de los listos, que para preservar algunos huecos sin publicidad escuchando música o jugando o usando apps o viendo una serie online… deciden que para no ser acosados (pues sí, ese es otro tema…) publicitariamente -lo que parece una forma de soft-extorsión (pues sí, ese también…)- hay que pagar por no tener publicidad (lo que ya se ha demostrado en los canales privados de TV que es mentira a la larga)
3) La respuesta de la madre naturaleza, que para evitar sobrecargas cognitivas en nuestro cerebro desarrolla un mecanismo de defensa por el cual vemos pero no procesamos en nuestros circuitos neuronales las desesperadas llamadas de atención publicitaria (no está confirmado pero podrían ser más de 5.000 impactos publicitarios a los que estamos sometidos cada día los urbanitas estándar).

Hecho el análisis somero, propongo una simple sugerencia que tendría enormes efectos en nuestras vidas a escala planetaria: ¿qué ocurriría si desde el mundo publicitario se dejara de presuponer que -en el siglo XXI- las personas aún seguimos desinformadas? ¿Qué ocurriría sin en lugar de intentar expropiarnos nuestra atención y venderla a terceros nos pagaran directamente a nosotros por ella?

Post Publicado originalmente en Apple Tree Communications

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