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Posted On Junio 23, 2016 By In BLOG And 1715 Views

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La exaltación de lo banal

No hay día en el que los medios profesionales o sociales no acaben exaltando una gran banalidad. Sucede cada día, no falla. Ha llegado a tal extremo que se han creado nuevas secciones en los medios profesionales que se dedican a seguir y recoger cualquier tema, vídeo, imagen, etc. que haya conseguido cierta notoriedad en los medios sociales y lo convierten en noticia usando aquello de “Internet dice”, “Twitter critica”, “arden las redes sociales con…”.

Por lo normal se trata de hechos intrascendentes que puestos bajo la lupa deformadora de la atención extrema consiguen un efecto de notoriedad y difusión siempre inesperado. Lo único que parece justificar esa notoriedad y el factor que construye su valor, porque no lo tendría a priori, es el consumo solidario de lo consumido (eso que se refleja como trending topics).

La consecuencia es ya casi un signo de nuestro tiempo, sobresaturados de llamadas de atención, dirigimos la atención de forma colectiva a lo más banal y fácil de consumir sin esfuerzo. Los medios sociales en intersección y aceleración con los medios profesionales no nos han hecho ni más conscientes, ni más sabios, ni mejor informados a escala local o global, la gran aportación de los medios sociales a la comunicación es, también, la exaltación de lo banal.

Hay dos casos recientes que reflejan a la perfección lo mencionado. Un ejemplo es local, sucedió hace poco con #lamujerderosa, donde una mujer dormitando y aburrida hasta la extenuación, en la segunda fila del palco de autoridades durante la final de la Copa del Rey de fútbol, y gracias a los planos televisivos recurrentes mostraba una paradoja perfecta, casi una ruptura en el continuo espacio-tiempo ya que mientras 10 millones de personas vibraban o estaban atentos al partido delante de las pantallas de televisión, ella se desinteresaba por completo de su lugar privilegiado y del contexto en el que lo hacía. La reacción en los medios sociales y su amplia recepción como noticia en los medios profesionales se convirtió en poco tiempo en un nuevo bullying colectivo. El segundo ejemplo es anglo-global chewbacca mom donde el vídeo más viral de la historia de Facebook (hasta mayo de 2016) es el de una mujer con una máscara de Chewbacca –que había comprado tras permanecer olvidada durante años en un rincón de una tienda- riéndose de forma algo grotesca –pero se supone que contagiosa- mientras se grababa a sí misma en su coche. Ni más, ni menos, una bobada de una ciudadana de EEUU convertida en España en noticia de primer nivel para los medios profesionales compitiendo con la final de la Champions en Milán, la política local, la crisis de refugiados, etc.

Ambos casos tienen en común lo mismo: convertir la anécdota en categoría, lo irrelevante en significativo. Es el consumo legitimado por ser un consumo colectivo… estos virales son el Mega Big Mac de las audiencias de hoy, llenos de energía, grasas saturadas, carbohidratos y azúcares para el estómago o la mente colectiva gracias a los medios sociales de Internet. Es cierto, por mucho que nos duelan los ojos. Estamos ante la glorificación de lo pequeño, de lo nimio, de lo irrelevante, de lo anecdótico, de aquello que si no nos lo hubiesen puesto a dos centímetros de los ojos no le hubiésemos prestado atención en la vida. Esto es también la Era de la Información, el tiempo de la inteligencia de las multitudes, el advenimiento del compartir conocimientos como nunca antes en la historia de la Humanidad, el estallido torrencial de la creatividad colectiva prometida, la nueva era del progreso gracias a la innovación tecnológica, la objetivación final de la verdadera democracia participativa, etc. En fin…

Y no, con estos fenómenos virales -de los que todos formamos parte-, siento ser yo quien lo diga: no, no hay una ni ninguna segunda intención oculta, no hay un doble mensaje que descifrar, no se esconde algo esotérico que desencriptar. En este torbellino de lo nimio e inocuo no hay nada más que la exaltación misma. Esto se acaba en sí mismo. Nada más, por difícil que resulte de catalogar en algún manual de desviaciones psicológicas. Esto es hacia donde resbalamos por un tobogán infinito, hacia el autoservicio de la banalidad… pues sirvámonos. [Esperando el próximo estímulo sin resistencia]…

Post publicado originalmente en Apple Tree Communications

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