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Posted On Mayo 4, 2015 By In BLOG, COMUNICACION, UNCATEGORIZED And 1224 Views

Somos velocidad, velocidad, velocidad

Somos velocidad, velocidad, velocidad

Vivimos tiempos únicos. No ha habido época que no se haya experimentado a sí misma con cierto malestar con la imagen de sí misma. ¿Nos ocurre lo mismo? Es posible. Y que cada sociedad se haya percibido como en quiebra, crisis, transición… La tecnología siempre ha estado ahí profundizando esa incertidumbre, haciendo imparable el cambio a todos los niveles, sin tener nunca muy claro si hacia mejor o hacia peor. Como decía el sociólogo francés Paul Virilio toda tecnología lleva implícito en sí misma su propio accidente.

La diferencia de nuestro tiempo con cualquier época anterior no es la tecnología sino la velocidad, la instantaneidad a la que todo ocurre. La agricultura, entendida como tecnología, tardó sólo dos mil años en extenderse por toda la Cuenca del Mediterráneo: Mientras, hoy en día, vemos la presentación de nuevos productos de Apple o Samsung por streaming en tiempo real a decenas de miles de kilómetros de distancia y hay quien quisiera poder comprarlos en esos momentos. Todo llegará. La espera de cuatro o seis semanas se nos antoja casi insufrible. Hace unos años la compra de libros por Amazon en inglés necesitaba de al menos tres semanas, acabo de recibir el último libro comprado desde algún almacén de Amazon, quién sabe dónde, en sólo cuatro días.

La velocidad es el signo de nuestro tiempo. El tiempo real se ha superpuesto al espacio donde estamos o habitamos: Lo único que importa es el tiempo real, ya, ahora, en este momento, estemos donde estemos lo queremos y lo queremos ya. Los estrenos planetarios simultáneos de películas, series o eventos deportivos ya existen, no estamos pensando en el futuro. El planeta tiende a ser la audiencia potencial. Somos los bulímicos del tiempo real, ya no importa dónde estemos si tenemos un móvil y cobertura 4G. El verano pasado, durante las vacaciones, escuché como un padre ofrecía a sus hijos adolescentes poder elegir el restaurante dónde ir a comer. Yo me respondí a mí mismo mentalmente, estando en la costa gallega… buen pescado, marisco o, mejor, una buena ración de percebes. Los adolescentes respondieron a la vez, lo mismo, a un sitio que tenga wi-fi. ¿Qué importa el lugar? Lo importante es no dejar de saber, ver, conocer o mostrar, con el menor delay posible.

Si uno se para a pensar, no parece fácil imaginar que será lo siguiente que nos pueda sorprender. Una de las cosas que puedan acabar siendo normales pronto es que acabe existiendo un tracking constante de cada movimiento o hecho que hagamos. Hay quien lo venderá como servicio extremo personalizado, hay quien lo comprenderá como fórmulas de control distópicas. Hay quien defenderá que gracias a sensores del wearable-tech movement podremos, entre otros beneficios, anticipar problemas de salud antes de que sean graves (como un infarto o un problema con la tensión arterial). Y hay quién razonablemente creerá que esos datos podrían acabar en manos de empresas de salud que negarán los seguros médicos a los que tengan más riesgo, calculado gracias al big data. Hay quien vende los drones como forma de acceder a zonas de incendios o entregas a domicilio cada vez más eficaces; y quien ve que una máquina de guerra autónoma elimina toda responsabilidad penal en caso de homicidios o asesinatos por lo que nunca más habría juicios como el de Núremberg.

La tecnología acelera nuestro tiempo cada día; comprime la duración del mismo en una paradoja nueva. Nos enfrenta con lo que somos y vamos a ser. Debemos ser conscientes de que con cada tecnología que creamos, también creamos su accidente. La tecnología es el mejor espejo de lo que somos como especie desde que se utilizó el pedernal para crear fuego a demanda o las herramientas de sílex para la caza, la pesca y los enfrentamientos por espacios y recursos. Somos los únicos responsables de lo que hacemos con la tecnología. No es autónoma a nosotros. Nosotros creamos la tecnología, el beneficio que nos aporta y todos sus accidentes. Así somos.

Post publicado originalmente en

ATC para post VD

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