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Posted On Mayo 25, 2015 By In COMUNICACION, MARKETING And 2395 Views

El sexto Continente: narcisismo, voyerismo y exhibicionismo

El sexto Continente: narcisismo, voyerismo y exhibicionismo

Nuestra época está marcada, gracias a Internet y sus aplicaciones conocidas como redes sociales, por una confusa mezcla de narcisismo, voyerismo y exhibicionismo a escala individual y colectiva, local y global, sin precedentes. Esto es, un nuevo continente, el sexto Continente, un espacio sin lugar donde podemos ser qué o quién queramos o, al menos, intentarlo.

No deja de ser tan extraño como absolutamente necesario que Facebook ofrezca ya, en EEUU, hasta 56 opciones de elección de género. ¿Quién nos impide ser lo que queramos ser, desear creer que somos, queramos parecer ser? Podemos tener tantos digital doppelganger como nos plazca. Recuerdo como un personaje estrafalario de un reality show, de alguna televisión, al que le escuché afirmar de sí mismo, sin asomo alguno de duda, ser “un rico atrapado en un cuerpo de pobre”. ¡Enhorabuena! los medios sociales están aquí para desplegar todos nuestras potencialidades, méritos, habilidades, etc. que han pasado desapercibidos desde que íbamos a la guardería. Sólo necesitamos una simple tecnología con conexión a Internet para exhibir nuestros superpoderes, ser vistos, realizarnos y vivir nuestro instante de gloria en Internet. Andy Warhol afrimó, sin imaginar Internet, “in the future, everyone will be world-famous for 15 minutes”. ¿Un visionario o un exagerado?

Hace poco mientras me marchaba de un restaurante escuché un retazo de conversación de una mesa cercana. Una joven veinteañera hablaba a otras tres personas algo mayores que ella. Fue algo así: “…no me puse en contacto con X porque no sabía muy bien como localizarle, y porque no tengo Facebook…”. Aunque lo sorprendente fue la respuesta de una mujer sentada a su lado, de entre 35 y 40 años, que sin asomo de broma o ironía le dijo “Eso de no tener Facebook ¿qué es una forma de rebeldía o algo así?”.

Lo reconozco fue lo último que me esperaba: lo más contraintuitivo que podría haber imaginado que sucediera ¿Una forma de rebeldía no estar en Facebook? ¿Tan fuerte es el impulso de narcisismo, voyerismo o exhibicionismo que no estar en Facebook puede ser entendido como rebeldía, contracultural o… quizás pronto, como antisistema? Las plataformas sociales de Internet apuntan ya a una suerte de gran metáfora ideológica de la inclusión y la exclusión social.

En marketing aprendemos que el objetivo del mismo, aunque lo compliquen mucho, es simple. Se trata de satisfacer necesidades -en distintos niveles de eficacia donde el precio y la calidad determinan la competitividad del producto o servicio-. Y creo que es verdad. Las necesidades no se crean. Las necesidades hay que comprenderlas, en especial, en la parte del mundo donde lo básico está solucionado para grandes capas de la población. Así, en términos de Maslow y su modelo piramidal, las necesidades que satisfacen las redes sociales estarían entre la afiliación y la seguridad. Ahí, es donde se sitúan las redes sociales como Facebook o Twitter o Instagram, etc. y es donde compiten de forma voraz por la audiencia global y el control de datos a gran escala.

Facebook no deja de ser la mayor base de datos a escala mundial, con más información de centenares de millones de personas que los propios gobiernos, alimentado de forma gratuita por los propios usuarios gracias a sus necesidades -y por eso la compra de Instagram- de narcisismo, voyerismo y exhibicionismo. ¿Conclusión? Si Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, etc. son gratuitos es porque nosotros somos el producto. Y lo somos gracias a uno de los signos de nuestro tiempo, alimentado por todo los canales de comunicación, un creceiente impulso voyerista y exhibicionista. Hasta el extremo de que se han diagnosticado ya desordenes como Digital Attention Disorder o FBOCD (Facebook Obsessive Compulsive Disorder) o twitterhea, muy similar, en Twitter. O que se produzca una reordenación social de la casta online y los líderes del universo Twitter o twitterverse conocidos como twitterati. También en Instagram ha emergido una nueva forma de exhibicionismo conocida como receipt porn a.k.a. the rich kids of Instagram para referirse a la ostentación y exceso mostrado por adolescentes ricos que publican imágenes con tickets de gastos millonarios, compras, poses, bebiendo o comiendo manjares, desnudos, etc. Lo que se repite también en Tumblr.

Unos buscan, otros quieren enseñar lo que hacen, lo que tienen…, todo es velocidad y tiempo real, el espacio ya no importa. Cuando unos miran, otros quisieran ser mirados. En fin, es lo que somos y la tecnología nos espeja a la perfección. Ya no se trata de desviaciones individuales porque cuando el narcisismo, el exhibicionismo o el voyerismo se producen a esta escala, ya hemos alcanzado el nivel de normalidad absoluta. Así somos.

Post publicado originalmente en

ATC para post VD

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7 Responses

  1. Lo de no tener Facebook es, dicen algunos, como no tener televisión. O no tener television en los noventa. Una extravagancia. El extravagante siempre va a ser tildado de eso. Facebook no deja de ser como la televisión. Están los que no tienen y están los que no lo usamos. No sé si el matiz es trascendente, pero podría.

    Pero no me alarmaría (ya sé que no lo haces), pero el narcisismo siempre estuvo ahí para quien pudo ejercerlo: ¿o qué son las tertulias de radio? ¿o los críticos de cine o de restaurantes?. Estamos inundados por la humanidad en sí misma. Yo postulo volver al agujero de la extravagancia como una forma de vida en la que ser discreto y relacionarse con personas discretas.

    ¿Puede un blog ser discreto?

  2. Saludos Gonzalo,

    en marketing siempre que doy clases les enseño a mis alumnos que la pregunta que tienen que hacerse es una muy simple “¿cuál es la necesidad que crea mi mercado?” La necesidad del exhibicionismo y del voyerismo no es nueva, siempre ha habido formas de satisfacerla. Ahora bien, las plataformas sociales han elevado a una escala sin precedentes la forma en que se cubren esas necesidades, por mucho que no se reconozcan como tales por los propios individuos.

  3. Es verdad. Pero a lo mejor resulta que es imposible no ser narcisista y toca convivir con ello. Que el dinosaurio ya estaba ahí y sólo faltaba una cámara para que se viera. Es irritante, lo sé. Pero de ahí que, supongo, la discreción pueda ser la nueva elegancia, si es que alguna vez dejó de serla.

  4. En mi opinión es una necesidad básica, de alguna forma u otra, del ser humano independientemente de la cultura donde cada uno pertenezca. La discreción es una sublimación de esa cultura.

  5. No hace mucho quedé con un amigo periodista y cuando saqué mi móvil (un móvil normal y corriente, no un smartphone, que uso cuando voy de viaje porque la batería dura infinito y es lo que necesito) me dijo: «anda, eres una aristócrata». Me quedé muy sorprendida y me explicó que por lo visto ahora una manera de diferenciarse (tal vez esa discrección de la que habla Gonzalo o esa rebeldía que se menciona en el post) es ir con un móvil sin internet. Me pareció curioso, pero ya no investigué más. ¿Habrá realmente un movimiento de excéntricos sin smartphones?

  6. Claro Nuria, lo que aprendía cuando investigué sobre análisis de tendencias sociales es que toda tendencia tiene su contratendencia. Lo que ocurre es que una macro-tendencia como es el always-on tiene, de momento, una sola micro-contratendencia. Y no es posible que cambie ya que Internet se ha integrado en nuestra de visa de tal forma que va a ser difícil “desconectarse”; de hecho, yo no quiero, he conseguido libertad de movimiento, de trabajo, etc. pero necesito el always on. No existen más que libertades.

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