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Posted On febrero 24, 2014 By In BLOG, COMUNICACION And 7167 Views

Jordi Evole becario de Orson Welles

Al terminar el programa de Operación Palace de Jordi Évole, que durante toda la semana pasada La Sexta había estado publicitando como un documental de investigación, se ha demostrado que no era tal. Y aunque hay mucha gente rasgándose las vestiduras o defendiéndolo como falso documental mi idea para este post es más simple: ¿Para qué ha servido Operación Palace?

Según Jordi Évole, responsable de Salvados, afirma que Operación Palace espera que haya servido para “que reflexionemos un poquito sobre cómo filtrar la cantidad de información que recibimos” y reconoce “ambigüedad” en la promoción.

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Lo que afirma Évole me da para plantear las siguientes cuestiones:

  1. Crear notoriedad por notoriedad es algo muy propio de la industria publicitaria aunque no de un programa informativo ¿o sí? supongo que sí. Así que la mejor explicación es la publicitaria, arañar unos puntos de share. Ahora bien, hay que evaluar también los costes que tendrá Salvados entre la audiencia que se ha sentido decepcionada y a los que nos ha parecido un ejercicio inane desde el minuto dos de la emisión (a mis tweets me remito).
  2. La notoriedad conseguida fue y será efímera (ver gráfico con una muestra de 24.743 posts únicos) fue de un 85,9% en Twitter, duró tanto como el docu-fake, fue básicamente auto referencial y muestra tanto lo que se lo creyeron como los que no (tag cloud).
  3. Abrir nuevos caminos de futuro” (sic), esto seguro que es una laguna cultural mía, pero de verdad que no lo entiendo.
  4. Constatar que la función del periodismo hoy es crear expectación aunque no sé si mis amigos periodistas estarían de acuerdo porque siempre me han hablado de información veraz, servicio público, contrastar fuentes, etc.
  5. Operación Palace es ante todo un ejercicio de paternalismo y condescendencia subestimando la inteligencia colectiva. Todos los que se lo creyeron han debido sentirse muy estúpidos por confiar en Évole, su creación de expectación sesgada y sus caminos de futuro.
  6. Para ser conscientes de que hay que filtrar la cantidad de información que recibimos no es imprescindible crear más ruido sino más claridad. Me temo que Évole se ha segado la hierba bajo sus pies, ha defraudado a mucha gente que se debió sentir muy tonta al final del programa y que le creyeron como le han creído en sus reportajes previos.
  7. Operación Palace es un rizo relativista tan innecesario como contraproducente para Évole y Salvados, nos está previniendo contra él mismo. En mi opinión, aunque no lo conozco, me parece que Évole se dará cuenta -aunque no lo reconozca- que se ha equivocado cuando, más allá de la audiencia tan cortoplazista, levante la mirada y comprenda que la reacción de descontento a su programa es, en realidad, la reacción de una audiencia defraudada.
  8. En una época de ruido y furia lo que necesita una sociedad no es más ruido. Évole no sólo es un tardío becario de Orson Welles, sino que se ha equivocado.

 

Post scriptum (19:30 26-F):

Al hilo de la referencia a Orson Welles, como creador del género del falso documental, el valor de su emisión radiofónica fue la originalidad y creatividad como otras cosas en las que Welles demostró ser un genio. Jordi Évole no ha sido original ni con el género documental en TV ya que hay más precedentes, en realidad, creo que han querido demostrar qué astutos son en Salvados haciendo un fake. El problema es que Évole ha recurrido al engaño aunque lo llame ambigüedad. Días después sigo bastante convencido de que ha ganado la cadena y el género docu-fake, Évole ha perdido credibilidad y todos, como sociedad, una oportunidad de tener menos rudio. Y esa es la diferencia clave entre Welles y Évole, la misma que entre la originalidad y el (intento de) engaño. Jordi, de verdad, sin acritud, ya nada volverá a ser igual.

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4 Responses

  1. Muy interesante el articulo, aunque yo sea italiano y no vi el documental, me parece una buena analisis la que hiciste. Me gustaria conocer el software utilizado para la network analysis, muchas gracias de antemano.

  2. Bueno, en este caso la cuestión es más prosaica: se trata de intoxicar y ridiculizar buena parte de las nuevas aportaciones que han salido sobre lo que aconteció en realidad el 23-F: un auto-golpe de Estado comandado por Armada, mano derecha de Juan Carlos de Borbón. Recomiendo encarecidamente escuchar el programa de El Vórtice (se puede encontrar en Ivoox, tiene algunas semanas o meses; no es el recién subido) en el que se habla de este particular, con dos invitados de lujo: García Trevijano y, atención, el coronel y ex-agente del CESID Diego Camacho, que tuvo su protagonismo en aquellos hechos. Sirve como introducción a un tema en el que algunos hemos indagado (mientras me sacaba Ciencias Políticas) y abandonado después con un nefasto regusto.
    Y el amigo Jordi Evolé ha jugado su papel fantasticamente. Ahora cualquier sugerencia de que el 23-F no fue como se quiso vender, obtendrá una de estas dos respuestas: “¿Pero no sabes que era un falso documental?” o “No me seas conspiranoico, que pareces Evolé”. Intoxica, que algo queda. Así que no se ha equivocado Jordi Evolé. Para ser justos con él, lo ha hecho de maravilla. Cada uno sirve a sus amos.
    Nos vemos en el foro de la UNED (Intervención Social en la Red), Miguel.

  3. Raúl,

    estoy básicamente de acuerdo con lo que planteas, aunque no entro a valorar tu posición alrededor del 23F ya que no era el tema del post. No obstante, sí con el posible efecto-coste que tienen este tipo de hechos. Lo apunto en varios momentos en el post: “no es imprescindible crear más ruido sino más claridad” y, en especial, al final al afirmar que “en una época de ruido y furia lo que necesita una sociedad no es más ruido”. Días después sigo bastante convencido de que ha ganado la cadena y el género docu-fake, Évole ha perdido credibilidad y todos, como sociedad, una oportunidad de tener menos rudio y más señal.

  4. La verdad es que la idea detrás del documental era interesante, pero lo hicieron demasiado largo, por lo que para la gente que se l creyó, entre los que me incluyo, fue una hora perdiendo el tiempo y comiéndonos la cabeza. A mí personalmente Évole me defraudó, pero eso no significa que vaya a perder credibilidad

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