Posted On Junio 20, 2008 By In ALPINISMO, BLOG And 924 Views


Walter Bonatti: ‘El K2 sólo fue un accidente en la historia’

* El mítico escalador italiano consigue, 53 años después, la rectificación oficial que pone fin a una de las grandes polémicas de la historia del alpinismo
* Recibe en Madrid el Premio Internacional de la Sociedad Geográfica Española



Walter Bonatti, en Madrid. Durante tres días seguí las conferencias de Bonatti en la libería Desnivel, en la SGE y en un hotel. Me firmo sobre la fotografía de un libro que cambió su vida descubriendo las mentiras de sus compañeros en el K2; un libro que encontré en saldo en una tienda de antiguedades en Zermat. 

La crónica apareció en EL MUNDO el 18 de abril de 2008

MADRID.- Walter Bonatti es, con seguridad, uno de los mejores alpinistas de todos los tiempos. La diferencia de Bonatti con otros escaladores míticos es que sigue vivo, no se lo quedaron las montañas como a otros también extraordinarios. “Dentro de poco tendré 78 años”, confesó en Madrid horas antes de recibir el Premio Internacional de la Sociedad Geográfica Española (SGE). Sus méritos, haber imprimido “al alpinismo moderno una filosofía que valora más la ética, la honestidad y la unión del hombre con el medio que la consecución de las metas o coronación de las más altas cimas, rechazando nuevas técnicas de escalada que atentaban contra la esencia de esta disciplina”.
 

Con apenas 23 años, Bonatti formó parte de la expedición italiana que conquistó en 1954 la cima de la segunda montaña más alta del planeta: el K2. Allí sobrevivió milagrosamente a una noche a la intemperie por encima de los 8.000 metros, la zona de la muerte, como la bautizó Reinhold Messner. “Esa noche en el K2, entre el 30 y 31 de julio de 1954, yo debía morir”. Había subido junto a un paquistaní llamado Mahdi y con varias botellas de oxígeno para sus dos compañeros de escalada, Achille Compagnoni y Lino Lacedelli, con el fin de que al día siguiente pudieran lanzar el último ataque a la cumbre. Pero ambos habían cambiado el lugar donde debía estar la tienda y obligaron a pasar una noche infernal a Bonatti y Mahdi, que sobrevivieron milagrosamente. Acababa de nacer una leyenda, y una de las grandes polémicas de la historia del alpinismo.

La sala de la librería Desnivel estaba llena de admiradores incondicionales de Bonatti, que han leído sus escaladas en el límite de lo imposible y conocen sus vías irrepetibles, ésas que nadie se atreve a escalar hoy con los medios y materiales de hace 40 años. A Bonatti, pelo muy blanco y sonrisa constante, le acompaña su mujer. Mira las paredes, donde cuelgan cuadros del Cervino, el Eiger, el Galayos, el K2… y fotos de escaladores míticos como Whymper, Buhl, Messner, Bonnigton, Harrer… También una imagen suya que reproduce el día de invierno en que escaló la cara norte del Cervino, en solitario, y con la que en 1965 se despidió al alpinismo extremo. Hoy en día no habrá más de un par de alpinistas capaces de repetir aquella ascensión.

Bonatti se disculpa por no hablar español. No hay arrogancia en el mejor escalador de la historia. En 1964, 10 años después de que la Italia vencida en la Segunda Guerra Mundial reivindicase su fuerza conquistando el K2, Bonatti es acusado de haber intentado adelantarse a Compagnoni y Lacedelli y de haber consumido el oxígeno cuya carencia casi les impide llegar a la cumbre. Ambos dicen haberse quedado los últimos 200 metros de desnivel sin oxígeno. Bonatti nunca esperó agradecimiento por su sacrificio, pero tampoco estaba dispuesto a ser víctima de una intriga y de la mentira. Las siguientes décadas se dedicó a escribir libros y a exponer con minuciosidad sus argumentos contra las acusaciones. Poco a poco fue acumulando pruebas y datos que demuestran cómo no sólo se le acusa indebidamente, sino, además, cómo Compagnoni y Lacedelli cambiaron, homicidamente, la tienda del lugar previsto, para que Bonatti, más joven y en buena forma, no les hiciera sombra a la hora del último asalto.

Uno de esos momentos de la historia casi inexplicables llegó en 1993 cuando un cirujano australiano, Robert Marshall, que había aprendido italiano con el único propósito de leer relatos de alpinistas y que se había interesado por el ‘caso Bonatti’, encontró casualmente una fotografía -en el anuario ‘Berge der Welt’ de 1955 de la Fundación Suiza para la Investigación Alpina- que no había vuelto a publicarse. En esa imagen se ve a Compagnoni con la máscara de oxígeno aún puesta -si hubiese estado vacía la botella, habría muerto por inhalación de CO2-, y a Lacedellí sin apenas hielo en la barba. Lo que demostraba que habían llegado a la cumbre con oxígeno. Bonatti tenía razón y quería una rectificación oficial.

En paz

Esa rectificación llegó el pasado 29 de marzo. En Madrid, Bonatti dice que está feliz porque tras 54 años se reescribe la historia, al reconocer el Club Alpino Italiano la verdad sobre el ‘caso Bonatti’. Él insiste en que nunca ha perseguido el reconocimiento personal: “Mi empeño ha sido siempre que se reconociera la verdad”. “El K2”, explica, “sólo fue un accidente en la historia. No es mi vida. Tengo la sensación de haber vivido durante 200 años por las experiencias que he podido acumular, pero aún me sobra entusiasmo para seguir viviendo mucho más. El K2 sólo fue un pequeño suceso en mi vida”. Cuando alguien le pregunta si después del reconocimiento oficial ha encontrado la paz, Bonatti responde: “¿Paz? Siempre la he tenido. Si el mundo se enfrentaba a mí, tenía que defenderme. Otros quizás no, pero yo siempre he tenido paz”.

Bonatti destaca la enorme fortuna que tuvo de vivir en una época histórica donde había mucho por descubrir y mucho por escalar. Y se emociona cuando cuenta que ha tenido la posibilidad de vivir en primera persona el mundo que describían los autores que había leído en su juventud, Jack London, Herman Melville, “y de poder respirar el aire de los paisajes que describían aquellos libros”. Cuando le preguntan por el desplome de un gran pilar del Dru, montaña alpina donde Bonatti abrió una vía mítica escalando en solitario, responde con un fatalismo inesperado: “Todo está destinado a caer. Pero es cierto que sentí cierta tristeza; el tiempo también derriba las montañas”.

También le preguntan sobre su estado de ánimo durante los cinco días y cinco noches que pasó en solitario en esa dificilísima escalada: “¿Estado de ánimo? Necesitaría cinco días y cinco noches para describirlo. Se trataba de afrontar lo imposible y vencerlo, fue la lucha del hombre frente a la montaña como iguales, sin materiales especiales, sin trampas…”.

El coraje sin miedo

El italiano se remonta a la infancia para explicar cómo surge la fascinación por la montaña, cómo se establece la relación, cómo se vive esa experiencia sin intermediaciones… “Fui a la montaña no para subirla, sino para descubrir lo desconocido, para medirme con ella y medirme a mí mismo. La curiosidad hace soñar y los sueños nos movilizan, aumentan la sensibilidad y crece el deseo de medirse frente a las cosas de la montaña y de la vida cotidiana. La naturaleza es una escuela de educación extraordinaria si se está en la disposición adecuada y se es humilde”.

Bonatti se rinde, le faltan las palabras, se excusa. Un niño, de unos nueve años, le pregunta en italiano si ha tenido miedo en la montaña. Al escalador se le ilumina el rostro, extiende el índice hacia el niño y le contesta: “Es una extraordinaria pregunta. El coraje sin miedo es una estupidez, el miedo es un educador en la montaña, evita la inconsciencia e impulsa en los momentos difíciles. El miedo es un valor importante”.
 

Bonatti enlaza la respuesta con una reflexión sobre los límites, que no son impuestos por las montañas o la naturaleza, sino que son “estrictamente personales, te hacen avanzar de curiosidad en curiosidad, que es el motor para superarlos”. El italiano rehúsa comparar el alpinismo de su tiempo con el actual: “Soy un pésimo juez, nada es comparable. La escalada es un gesto, yo siempre he querido ir más allá y buscar otras experiencias además de la cima”, resalta antes de apuntar que en sus tiempos había “un gusto por lo romántico, la sensibilidad; lo atlético sólo era una parte, yo siempre he buscado algo más allá de lo atlético, pero hoy lo atlético es el fin, y eso no es el alpinismo”.

¿Por qué cree que hay personas que mantienen una mentira durante décadas? Bonatti reflexiona unos segundos: “La vida enseña que una persona válida es incómoda. La mentira es la forma en que se huye de la responsabilidad, ser cobarde es humano”.

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